El fin de semana pasado lo pasé en Lisboa, una ciudad que merece la pena visitar, fotografiar e incluso sacar un rato para escribir una entrada en el blog sobre ella.
Desde Londres la verdad es que no había mucha flexibilidad de horarios con compañías de bajo coste, así que si quería aprovechar el fin de semana y no pedirme ningún día en el trabajo, no me quedaba otra que gastarme algo más de dinero, así que me saqué el billete con Portugalia. Llegué a Lisboa el viernes por la noche, cogí un taxi en el aeropuerto que de camino me aconsejó que para la próxima, en lugar de coger el taxi en la puerta de "Llegadas", lo coja en la de "Salidas" donde la cola es mucho más corta y los taxistas, al estar menos estresados, te tratan mejor. A pesar de haber cogido el taxi en la zona "mala", el hombre me rebajó 5€ la carrera :) Al final se los dí de todas formas porque se quedó sin gasolina justo cuando me bajaba del taxi...
Llegué al hostal Residencial Portuense que había elegido Bella. Ella ya llevaba un par de noches allí, y la verdad es que fue todo un acierto: Muy económico, desayuno incluído, habitaciones amplias incluso para ser individuales, céntrico y el personal super amable.
Llegué al hostal Residencial Portuense que había elegido Bella. Ella ya llevaba un par de noches allí, y la verdad es que fue todo un acierto: Muy económico, desayuno incluído, habitaciones amplias incluso para ser individuales, céntrico y el personal super amable.
Esa noche dimos un pequeño paseo, cogimos el elevador que te deja en la zona alta de Lisboa y acabamos cenando en "O Forcado", un Restaurante típico portugués donde vimos varios espectáculos de baile y fados mientras cenábamos. ¡Yo me tomé un lenguado casi tan grande como yo que estaba riquísimo! Además, no había mucha gente en el restaurante y pudimos sentarnos en primera fila y verlo todo bien.
El sábado por la mañana, nos acercamos a la oficina de Europcar que está en el centro de Lisboa y alquilamos un Peugeot 206+ ( que era como mi Peugeot 206, pero más moderno y mejor...¡se le encendían las luces solas cuando lo consideraba oportuno!) y de ahí, con un mapita y todo el día por delante, nos fuimos a pasar el día al parque natural de Sintra-Cascais.
Primero visitamos el Castelo dos Mouros donde estaban haciendo excavaciones arqueológicas y tenía algunas zonas cerradas, pero aún así, nos recorrimos la muralla de lado a lado y escalón a escalón. Además, tuvimos la suerte de tener un tiempo buenísimo durante todo el fin de semana y pudimos disfrutar de las vistas desde el castillo
Desde el Castelo dos Mouros se podía ver, entre otras muchas cosas, el Palacio da Pena que visitaríamos después:
Cuando salimos del castillo, nos secamos el sudor y nos pusimos en marcha para empezar la ruta por los jardines del palacio da Pena. Entramos por la zona de los lagos y fuimos subiendo hasta llegar a la entrada principal del palacio. He marcado en rojo lo que hicimos nosotras que, como se ve, es una pequeñísima parte de todos los jardines que hay alrededor del palacio. Estoy segura que merece la pena recorrérselo entero, pero claro, yo estaba solo un día y medio, ¡y había que priorizar!
Palacio da Pena significa "Palacio de la Peña" (no de pena), en referencia al cerro sobre el que está construido, aunque la verdad es que el mantenimiento sí que daba algo de pena (¡parecía nuestra antigua casa de Londres!).
Después del palacio, cogimos el coche y nos acercamos al Convento dos Capuchos . Tiene muchas zonas muy mal conservadas, pero aún sigue siendo alucinante visitarlo. Puedes hacerte una idea clara de cómo vivían y lo importante que era para ellos el "fusionarse" con la naturaleza. De hecho, está bastante escondido dentro del bosque.
Terminamos de ver el convento justo a tiempo: Estaba cayendo el Sol y no había ni una sola nube, así que nos acercamos a ver el atardecer a Cabo da Roca, el punto más occidental del continente europeo, "donde la tierra acaba y el mar comienza"
Igual que nosotras, mucha otra gente tuvo la misma idea, ¡y aquello parecía un anuncio de Ray-Ban!
Fue uno de los atardeceres más bonitos que he visto. Cuando el Sol terminó de "hudirse" en el mar la gente empezó a aplaudir y no me extraña, la sensación era una mezcla de "menudo espectáculo más bueno acabamos de presenciar" a la vez que una satisfacción interna que provenía seguramente de nuestros instintos más remotos tipo "la civilización ha sobrevivido a otro día" (bueno, esto último a lo mejor solo me lo pareció a mi, que me gustan mucho los temas de civilizaciones antiguas que se volvían locas cuando llegaba un eclipse y esas cosas...).
Por la noche, además de agotadas, estábamos hambrientas, así que no nos costó tanto esfuerzo irnos a cenar a una de las marisquerías más conocidas de Lisboa: Restaurante Ramiro. Nos tocó esperar un rato hasta que nos sentaron, pero la espera mereció la pena. Nos metimos una nécora, una cigala y un buey de mar entre pecho y espalda. Luego, ni copa ni nada, estábamos molidas del pateo de hoy y caímos rendidas en la cama.
El domingo madrugamos muchísimo para que nos diera tiempo a visitar la Torre de Belém que en el pasado sirvió como centro de recaudación de impuestos para poder entrar a la ciudad.
Como cogíamos el avión de vuelta el domingo antes de comer y antes teníamos que devolver el coche, no quisimos arriesgárnos a ir al Monasterio de los Jerónimos y perdernos, así que desayunamos en un bar con una terraza desde la que se veía la Torre de Belén, al solecito y sin abrigo :) Nos paseamos un poco por la zona, vimos de lejos el puente del 25 de Abril y el Cristo y ya nos volvimos.
Fue un viaje relámpago para mi (Bella estuvo 4 días) y apenas me dió tiempo a ver nada de la ciudad de Lisboa. Menos mal que ya la conocía y que seguro que volveré más adelante a pasar más de un día y medio :)

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